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Macrobiótica

El Orden del Universo

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¿QUÉ ES LA MACROBIÓTICA?

La macrobiótica es una filosofía de vida, pero es famosa la dieta que propone la macrobiótica por ser un método o terapia capaz de curar enfermedades graves de forma natural a través de los alimentos, de la nutrición energética.

Sin embargo, macrobiótica es mucho más que una dieta. La macrobiótica es una filosofía de vida, un conjunto de saberes o de herramientas para ayudar al ser humano en su proceso evolutivo de expansión de conciencia. Nos permite desarrollar todo nuestro potencial humano y espiritual, tener una mente lúcida, clara, rápida, tranquila, pacífica, para ver las cosas tal y como realmente son, hacernos cargo de nuestra vida para transformarla, para transmutar la tristeza en felicidad, la enfermedad en salud, el miedo en amor. 

La filosofía oriental define el cuerpo, el pensamiento y el espíritu como partes de un todo. Ohsawa explica que si se come según este principio, el organismo entero se armoniza (en primer lugar físicamente y después mentalmente) haciendo que el entendimiento se vuelva más claro, capaz de percibir mejor la realidad.

Los seres humanos no debemos resignarnos a una vida de segunda categoría, llena de problemas físicos o emocionales, ni estar en este mundo solamente para acumular posesiones o tener éxito laboral. A través de la macrobiótica podemos aumentar la salud y la energía para ser capaces de resolver mejor nuestros problemas individuales y estar en armonía con nuestro entorno.

Por tanto, la macrobiótica es mucho más que una dieta o una terapia para curar enfermedades. Es un camino para lograr nuestra mejor versión. Practicar la macrobiótica sirve para comprender cómo funciona el orden de este universo y ser capaces de adaptarnos a él para transformar nuestra vida.

Dieta Macrobiótica

Esta filosofía ancestral propone una comida macrobiótica, una cocina macrobiótica. Lo que nos permite la macrobiótica es el equilibrio del cuerpo, permite que la sangre se equilibre. La sangre es la que alimenta nuestras células y nuestros órganos. Si tenemos una sangre fuerte, tendremos un cuerpo fuerte, un templo fuerte que será el soporte de nuestra mente, de unas emociones equilibradas y de una vida equilibrada. Si cambiamos la química de la sangre podremos ver la realidad tal cual es y tener una mente más clara, con más recursos y posibilidades. Tenemos que tener en cuenta que el exterior es un reflejo del interior, como es arriba es abajo, como es adentro es afuera. Si cambiamos nuestra sangre, nuestro ambiente interno, nuestra vida cambia completamente. Y esto se logra en parte mediante la alimentación macrobiótica.

Uno de los aspectos que más me gustaron cuando comencé a estudiar la macrobiótica y a practicarla, es que devuelve la confianza en uno mismo y la conciencia de ser personas libres. Dejamos de ser pacientes y víctimas, para ser los protagonistas de nuestra vida. Empezamos a ser responsables de nuestra vida, conociendo las causas de nuestros problemas tanto a nivel físico como mental. Empezamos a darnos cuenta que la alimentación macrobiótica tiene un impacto muy grande en nuestra salud y aprendemos a comer de una manera más consciente para mejorar nuestro destino, para crear la realidad que nos interesa. Nos empodera, nos devuelve la confianza en nosotros mismos y descubrimos el gran poder que tiene nuestro cuerpo para curarse de cualquier enfermedad si nosotros le facilitamos las cosas.

De esta manera empezamos a tener más control sobre nuestra vida. Hay muchos factores externos que no podemos controlar pero otros muchos factores internos a nosotros en los que sí podemos incidir a través de una nutrición correcta y la práctica de hábitos saludables. No podemos cambiar un día de lluvia por uno de sol, pero sí podemos elegir tres veces al día qué metemos en nuestro cuerpo: cómo elegir los alimentos, cómo prepararnos, cómo cocinarlos, cómo combinarlos, qué proporciones y cantidades, con qué frecuencia… Cada día tenemos que comer y los alimentos tienen una consecuencia en nuestra fisiología, hay reacciones químicas y energéticas que determinan las funciones de nuestro cuerpo, nuestro metabolismo, el sistema hormonal, etc. Es importantísimo hacer buenas digestiones para que podamos asimilar, porque los alimentos que no se asimilan pasan a ser toxinas para el cuerpo.

De la misma manera que el sol, el aire y las emociones nos alimentan, también la comida juega un papel fundamental. Si controlamos lo que comemos, estaremos construyendo nuestra salud, eligiendo nuestro destino. Seremos así seres libres.

Macrobiótica Vegetariana

En macrobiótica no hay nada prohibido porque no hay un componente ético en los alimentos. El enfoque se centra en la energía vital de los alimentos (chi, qi, prana, reiki), tanto de origen vegetal como de origen animal. Es por eso que se intenta evitar quesos densos (duros, curados), aves, carnes rojas y huevos, no por ética contra el maltrato animal sino por su energía extremadamente yang (contractiva), así como la miel, leche, mantequilla, quesos blandos y yogures, por su energía extremadamente yin (expansiva).

Dentro de la macrobiótica hay una tendencia creciente por unir la forma de vida vegetariana con la filosofía Macrobiótica tradicional. Hoy en día, uno de los representantes más destacados de este movimiento a nivel mundial es Mariano Rodríguez. De hecho, en nuestra escuela Macrobiótica Zen, el objetivo principal es fomentar el vegetarianismo macrobiótico para crear seres con un alto nivel de conciencia y, al mismo tiempo, que sean capaces de lograr una salud infinita y máxima felicidad. Trabajamos con pasión para reforzar energéticamente a las personas en primer lugar, y que estos seres fuertes en todos los niveles de su existencia, sean capaces de transmitir, con su forma de vida, el respeto hacia el medio ambiente y hacia otros seres sintientes.


MACROBIÓTICA ECOLOGISTA

Otro aspecto muy interesante de la dieta macrobiótica es que es una forma de alimentarse ecológica. Es una dieta que respeta el medio ambiente y que se puede extender a toda la población mundial. Es una dieta sostenible ya que priman los criterios de comer local, orgánico, entero, vivo y de temporada. No podemos seguir con la dieta industrial actual basada en la proteína animal, en los alimentos refinados, en la degradación sistemática de la tierra y en la generación de plásticos, porque esto es tan debilitante que estamos poniendo en peligro la salud global de nuestra especie y también la salud de nuestro planeta. Ya no podemos comer toda la carne que queramos, más allá de la salud, no es viable para nuestro planeta, nuestra madre tierra no puede soportar esta forma de producir alimentos.

En la dieta macrobiótica evitamos los alimentos congelados, enlatados, procesados, empaquetados y refinados. Consumimos con frecuencia alimentos que vengan del campo sin manipulación, y evitamos todo aquello que proceda de la industria.

Tenemos que empezar a despertar. Nuestra madre más importante, la que nos dio la vida y la que en algún momento nos recogerá, es un ser vivo que en este momento necesita nuestra ayuda. Tenemos que entender que no podemos continuar comiendo como estamos comiendo. No podemos sobrevivir en este planeta si no empezamos a cambiar nuestra forma de vivir. 

Por tanto, nosotros, cada uno de nosotros, podemos empezar hoy mismo a cambiar nuestro destino y el destino de esta planeta. Tenemos tres chances cada día para lograrlo.

MACROBIÓTICA Y MINIMALISMO

Un último aspecto muy interesante es que la macrobiótica tiene una gran conexión con el minimalismo. Podríamos decir que es la dieta ideal para cualquier minimalista porque se utilizan menos ingredientes, menos artefactos y utensilios, es una dieta más simple, menos mezcla de sabores y complicaciones culinarias. Es una alimentación equilibrada que te sacia y te da mucha energía con menos, sin necesidad de estar picoteando todo el día. Damos prioridad al sabor simple de los alimentos, y es una forma de alimentarte que te da felicidad. Prima la calidad frente a la cantidad. Con menos y de calidad logramos tener una gran energía y salud.

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