INSTITUTO MACROBIÓTICA ZEN

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Relación entre nutrición y emociones

Todos queremos ser felices y todos nos merecemos ser felices. La felicidad es un estado que se puede alcanzar si nos lo proponemos. Solo tenemos que conocer las herramientas que nos faciliten el camino para alcanzar la felicidad. Y para ser felices, es imprescindible contar con una buena salud. Podríamos decir incluso que, la felicidad es una consecuencia de la salud.  Seguro que hay gente capaz de ser feliz en medio de una gran enfermedad. Y eso es maravilloso. Pero lo cierto es que gozar de altas cotas de salud facilita mucho las cosas para que surjan emociones positivas de forma espontánea.

Por lo tanto, tener una buena salud es muy importante para tener emociones positivas.

¿Qué es la salud?

Salud significa tener un alto nivel de energía, es que nuestro cuerpo funcione con normalidad, es un cuerpo equilibrado en términos energéticos. Por lo menos esta es la concepción de salud oriental. La enfermedad, al contrario, es una falta de energía, es una disfunción de nuestro organismo, un desequilibrio energético.

Por otro lado, si queremos tener salud física, emocional y mental, tenemos que generar una sangre de alta calidad, una sangre fuerte. Este es el gran secreto de la salud. Porque la sangre alimenta a todo el cuerpo, a todos los órganos y funciones. Somos lo que comemos, y somos lo que pensamos. No estamos diseñados para estar deprimidos por naturaleza. Cuando nuestro cuerpo funciona correctamente, gracias a una sangre fuerte, tenemos una gran motivación por la vida, ganas de hacer cosas, ganas de compartir, de hacer el amor, de jugar, de trabajar, de crear.

¿Y cómo podemos tener una sangre fuerte?

Para transformar la sangre hay que nutrirla con alimentos apropiados y emociones positivas. Los alimentos generan reacciones químicas y también las emociones vierten químicos que cambian la sangre. No hay separación entre lo químico y lo emocional.

Hay muchos factores externos que no podemos controlar. No podemos cambiar un día de lluvia por un día de sol. En cambio, sí podemos incidir sobre otros factores internos de nuestra vida. Como ya se sabe, podemos cambiar la química del cuerpo con los pensamientos, pero también podemos cambiar los pensamientos con una sangre nueva, con una nueva química en el cuerpo. 

Por tanto, la forma terapéutica que tiene la macrobiótica de tratar problemas emocionales es cambiando la sangre de la persona a través de alimentos energéticamente equilibrados. A partir de aquí es importante probar cualquier terapia que nos permita avanzar y profundizar en el aspecto emocional, pero la base o el punto de partida es la correcta nutrición de las células.



Desde el punto de vista de la macrobiótica, de la filosofía oriental y la medicina china, nos parece muy difícil generar emociones positivas partiendo de un cuerpo tóxico, porque los pensamientos y emociones nacen de los alimentos y hay alimentos que nos llevan a los pensamientos positivos y otros a los negativos. Es imposible intentar tener una mente positiva cuando ya la tenemos negativa. ¿Cómo cambiar una mente de negativa a positiva? Podemos intentar cambiar la mente forzándola. Sin embargo, esas emociones de ira, depresión, ansiedad, es por los alimentos que estamos comiendo. Solemos ignorar la repercusión que tienen los alimentos en nuestro cuerpo, y de nuestro cuerpo pasan a nuestra mente. 

Mi experiencia como terapeuta macrobiótico es muy positiva en este sentido: en cuanto le cambio la nutrición a la gente, en menos de un mes, desaparecen gran parte de las emociones negativas y la persona comienza a sentirse más ligera, mejor, con más energía, con más ganas de vivir. Es realmente impresionante, solo cambiando la nutrición.

Por eso es urgente primero mejorar la nutrición para equilibrar nuestras emociones y no al revés. La salud del cuerpo depende de la calidad de la sangre, y la sangre se cambia en gran medida con la nutrición.

Si baja la calidad de la sangre por una pésima nutrición, vamos a producir emociones también de baja calidad, porque sangre y emociones están conectadas. Cuando generamos ese caos químico en nuestro cuerpo también se genera un caos emocional. Si mejora lo químico mejora lo emocional. Georges Ohsawa, uno de los grandes maestros de la medicina macrobiótica, decía que la fisiología es la base de la psicología. Si la fisiología está en orden, la psicología también. Si no corregimos la fisiología, es decir, si no mejoramos todas las funciones químicas de nuestro cuerpo, por muchas terapias emocionales que hagamos no vamos a encontrar sosiego y paz interior. No es posible.

Según la medicina oriental, los pensamientos salen de la síntesis de los alimentos. De los procesos bioquímicos que producen los alimentos nacen los pensamientos y los estados de ánimo. La medicina oriental cree que nuestra alma, cuerpo y espíritu se nutren de los alimentos. Las emociones vienen de nuestros órganos y en nuestra cabeza es donde se recibe la información, donde tiene el efecto, donde se elabora una respuesta. 

El cerebro funciona con la sangre que viene del proceso digestivo y depende de los órganos del cuerpo. Para cambiar las emociones y cultivar las emociones positivas, primero debemos comenzar por el cuerpo, la parte física, la raíz, la parte biológica. Luego las emociones y luego el plano de la mente. Este es el ciclo de cómo nos hemos formado desde pequeños. Los bebés necesitan las constantes de vida, lo biológico, y luego aparece el cuerpo emocional, cómo nos movemos hacia el mundo, la percepción de la realidad.

En el tallo cerebral, el tronco del encéfalo, se gobiernan todos los procesos del cuerpo, millones de funciones simultáneamente. Ese es el asiento. Luego vamos al sistema límbico, en el tálamo, procesamos las emociones (las que llamamos positivas y negativas). Luego el neocórtex, todas las funciones superiores del ser humano, lo que nos diferencia de los animales. 

Estas tres zonas están íntimamente conectadas: cuerpo-emociones-mente, y la sangre es el vehículo que los conecta. Cuando cambia la sangre, cuando cambia el vehículo, cambia toda nuestra realidad. Las células del sistema nervioso requieren muchos nutrientes, son muy exigentes. Por eso hay que nutrirlas de forma correcta.


No puede haber paz interior si el cuerpo no está ordenado: no podemos estar tranquilos y felices si tenemos alguna dolencia, un dolor de muelas, problemas digestivos, un hueso roto. Por mucho que meditemos, por muchos psicólogos que visitemos y por muchas terapias emocionales que hagamos, no vamos a conseguir equilibrar nuestras emociones si no mejoramos nuestra salud a través de la nutrición. Tenemos que ordenar el cuerpo porque es tan importante como la mente y el espíritu. Todo es uno, no hay separación. Si uno anda mal el otro también. Como dice la famosa frase Mente sana en cuerpo sano. Y esta idea de unidad también la podemos ampliar al planeta: si nuestra madre tierra no está bien, tampoco nosotros podemos estar bien. Nos alimentamos de ella, cuanto más pobres los suelos, más débiles vamos a estar.

Por tanto, nuestra salud emocional depende de la salud de nuestros órganos. Por eso tenemos que preguntarnos cómo es la calidad de la sangre que está alimentando todo nuestro cuerpo. Una sangre equilibrada nutre la función de órganos equilibrados. Y para mejorar nuestra sangre tenemos que mejorar nuestra nutrición.

¿Y qué alimentos son apropiados?

Para  tener salud debemos darle al cuerpo la nutrición que necesita. Un alimento es bueno o saludable si es fácil de digerir, si el cuerpo lo puede aprovechar y que seamos capaces de eliminar lo que sobra, la basura celular. No solo hay que ver los nutrientes del alimento sino los efectos en el cuerpo: que no me descalcifique los huesos, que no ayude a producir enfermedades reumáticas, que no me genere un mal estado anímico. Hay que ver de donde extraemos esos nutrientes que se suponen saludables. Y no solo es importante los nutrientes sino la carga energética del alimento, si es muy yang o muy yin. Las frutas y verduras se venden como algo muy saludable por tener muchos nutrientes. Es cierto, pero no se tiene en cuenta el aspecto energético de las mismas.

La medicina macrobiótica es la única que enseña que los alimentos tienen varios niveles, no solo se enfoca en los nutrientes. Podemos comer muchos nutrientes pero la gran mayoría no los digerimos y mucho menos los asimilamos. Un alimento no digerido es un tóxico muy fuerte que va aumentando la toxicidad. No des por hecho de que vas a digerir y menos asimilar los nutrientes que te venden en el paquete o los suplementos. No hay que comer con la mente sino con el estómago. Esa toxicidad de alimentos no digeridos, no asimilados que intoxican y acidifican la sangre es lo que va a generar nuestros pensamientos negativos. Eso es un hecho, es la relación entre lo que comemos, pensamos y sentimos. Es imposible curar a alguien si sigue comiendo lo mismo, en este sentido, la psicología no sirve. Tampoco cura la meditación. Es esta alteración continua lleva a las enfermedades.

Los alimentos tienen una parte electromagnética que es la que rige todo nuestro campo electromagnético. Cuando nuestros circuitos electromagnéticos empiezan a estar sin energía, y nuestros órganos no tienen energía, como un circuito de la luz sin corriente, nos sentimos sin energía y necesitamos azúcar y drogas fuertes como el café, tabaco, tóxicos muy fuertes que nos den fuerza pero esto no funciona.

Tenemos que comer alimentos que tengan campo electromagnético, alimentos con energía. Los alimentos con energía aportan energía. Para aumentar nuestra frecuencia vibratoria tenemos que tomar alimentos llenos de energía. Las sustancias aisladas de los complementos o suplementos nutricionales no aportan energía. 


Si le facilitamos las cosas al cuerpo, el cuerpo sabe lo que hace, tiene una inteligencia infinita, capaz de hacer en simultáneo miles de funciones sin haber ido a la universidad. Y cuando estamos enfermos significa que es un desequilibrio del cuerpo, una consecuencia de que nuestro cuerpo no puede más. En esa circunstancia tenemos que preguntarnos cómo hemos llegado a ese punto en lugar de sentirnos víctima de los virus, bacterias o de los genes. Tenemos que hacernos cargo de esa experiencia para poder transformar nuestra mente y nuestra vida.

A grandes rasgos, es muy importante tener en cuenta la calidad de los alimentos, la forma de cocinarlos, la cantidad que comemos -ya que la cantidad altera la calidad- y la masticación. En otras palabras, tenemos que masticar muy bien, comer alimentos de gran calidad, cocinarlos correctamente y comer lo justo. Es mejor comer siempre un poquito menos del punto en que nos encontramos saciados para no saturar el sistema digestivo y que se digieran bien los alimentos. Masticar es excelente para el cuerpo pero además propicia una mente más lúcida. Si masticamos bien la comida la vamos a digerir bien, y la capacidad de digestión es la capacidad de digerir las experiencias de la vida, las relaciones con los demás.

Los 3 cerebros humanos

Como decíamos antes, nuestra biología depende de nuestra mente, de nuestras emociones y de la nutrición. Esta relación entre emociones, pensamientos, energía vital y fuerza física se encuentra solo en la macrobiótica. Lo que buscamos con la dieta macrobiótica es armonizar nuestra vida, lograr un equilibrio y así alcanzar la felicidad. Porque si hay armonía, habrá equilibrio entre los tres cerebros humanos: corazón, estómago y cabeza.

Según la ciencia, el cerebro depende en un 90% del estómago. ¿Qué significa esto? Que todo lo que comemos es lo que va a generar nuestros pensamientos. Tanto la medicina oriental como también la alopática, considera que hay 3 cerebros: estómago, corazón y cabeza, y el que tiene más cantidad de funciones es el estómago que es el que actúa sobre los otros cerebros. Somos digestión. Estos tres cerebros deberían trabajar juntos pero el problema es el desequilibrio que tenemos, la separación entre nuestra mente, nuestro corazón y nuestras acciones. Este equilibrio lo podemos recuperar con la dieta macrobiótica, porque con este sistema de alimentación hay una armonía en nosotros. Esto es el estado de salud, es esa armonía que se produce en nosotros. La salud no es una cuestión de falta de enfermedad sino una cuestión del equilibrio. Esta falta de armonía de los tres cerebros es lo que nos lleva a comer mal y a las enfermedades. 

Las hormonas

Las hormonas son químicos que produce nuestro cuerpo y que se vuelcan en la sangre.

Las encargadas de producir las hormonas son las glándulas endocrinas. Dentro de ellas, el primer lugar lo ocupa sin duda la hipófisis o glándula pituitaria, que es un pequeño órgano de secreción interna localizado en la base del cerebro, junto al hipotálamo.

Adrenalina y cortisol son hormonas  del estrés.

Serotonina: hormona de la motivación.

Endorfinas: hormonas del amor y placer. Hay que cultivar el amor, el amor cura mucho, cuanto más enamorados más saludables. 


TAREA: Reflexiona sobre la siguiente «receta de felicidad», una lista práctica para producir hormonas de la felicidad y cómo puedes aplicarla esta receta a tu vida. ¿Cuál de los puntos de la lista estás empezando a aplicar y cuáles todavía generan mayor dificultad? ¿Qué medidas concretas y prácticas puedes tomar a partir de ahora para intentar cumplir con esta receta y así producir hormonas de felicidad en tu cuerpo?

RECETA DE FELICIDAD:

-Alimentación correcta: alimentos calidad, bien preparados, cantidad adecuada y masticación.

-Cultivar el amor.

-Dar gracias.

-Meditación, aceptar las cosas, eso da paz.

-Contacto con la naturaleza.

-Ejercicios al aire libre -el mejor antidepresivo. Caminar a diario 30 minutos.

-Trabajar en algo que te guste.

-Resolver conflictos -pedir perdón, reconciliarse. La culpa y la falta de perdón es algo muy tóxico.