¿Alguna vez has mirado algo que sabes que es hermoso… pero justo ahora no lo parece?
Hace unos días, en Plum Village, me detuve frente a un estanque de flores de loto. Aún tenía el recuerdo espectacular del verano: hojas grandes, flores abiertas, vida por todas partes.
Pero ahora, en invierno, el estanque estaba diferente, según puedes apreciar en la foto. Agua turbia y congelada, tallos secos y restos marchitos que completaban algo poco digno de una postal espiritual. Y, sin embargo, no había nada “mal” en ese estanque.
Thich Nhat Hanh explicaba que el loto no florece porque sí. No aparece por voluntad, ni por deseo, ni por impaciencia. Florece cuando se dan las condiciones.
Antes de la flor… hay barro.
Y antes del barro fértil… hay limpieza, espera y cuidado.
Ese día entendí algo sencillo y profundo: no podemos exigir belleza donde aún no hemos preparado el terreno.
Nos pasa lo mismo a nosotros.
Queremos mostrar nuestra mejor versión, nuestra luz, nuestra creatividad, nuestra calma. Queremos vivir con sentido, con energía, con alegría.
Pero a veces el estanque interior está revuelto.
Y pretendemos que florezca… sin haberlo cuidado.
Cultivar el jardín interior no es una metáfora bonita. Es una práctica concreta.
Es regar las semillas adecuadas cada día, aunque no se vea nada todavía.
Es dejar de alimentar lo que enturbia el agua.
Por ejemplo:
– Ordenar la alimentación cuando el cuerpo está disperso.
– Aprender a cocinar según la estación, en lugar de comer siempre lo mismo todo el año.
– Elegir alimentos que nos concentran cuando estamos desbordados.
– Reducir aquellos que nos expanden en exceso cuando ya estamos agotados.
– Dormir un poco antes.
– Masticar un poco más.
– Respirar cuando la mente corre (aunque al principio la mente proteste, como un niño al que le quitan el móvil).
Nada de esto es espectacular.
Pero todo esto prepara el estanque.
La macrobiótica no va de recetas perfectas ni de normas rígidas. Va de aprender a leer el momento.
De entender qué energía necesita hoy tu cuerpo y tu mente para acercarse al equilibrio.
De usar el arte culinario como alquimia cotidiana: fuego, agua, tiempo y atención para transformar lo simple en medicina.
A veces queremos florecer espiritualmente… mientras desayunamos ansiedad, almorzamos prisa y cenamos pantallas.
Luego nos preguntamos por qué no hay flores.
(El estanque, con cariño, nos mira y guarda silencio).
Comemos alimentos de verano en pleno invierno, o usamos técnicas de cocina que nos abren y dejan escapar el calor interno, cuando a nuestro alrededor todo es oscuridad y frío.
Cada estación pide algo distinto.
El invierno no es para abrir flores, es para fortalecer raíces.
Para recoger energía.
Para limpiar el agua.
Para preparar el terreno.
Y eso también es avanzar.
Por eso siempre repito que la salud es una conquista personal. Es un jardín que hay que atender cada día, porque nadie puede hacerlo por ti.
Si hoy sientes que no estás en tu mejor momento, tal vez no sea un fallo.
Tal vez estés en la fase exacta que toca.
La pregunta no es: ¿por qué no florezco todavía?
La pregunta es: ¿qué condiciones estoy cultivando hoy para que eso ocurra mañana?
Porque el loto no duda de sí mismo.
Solo espera a que el estanque esté listo.
No te desanimes si te falta disciplina, si tu alimentación es desequilibrada, si tienes hábitos tóxicos o si tu mente no es lo suficientemente compasiva y generosa.
Se trata de una cuestión de práctica y entrenamiento. Confía en ti. Eres un ser infinito, contienes en cada célula de tu cuerpo la chispa divina. ¡Tú puedes brillar!
Es hora de preparar tu primavera. Estamos esperando ver las flores tan hermosas de tu corazón.


















































